Reducir Jornada Laboral por Decreto

Reducir la jornada laboral por decreto, sin un aumento equivalente de productividad, no genera bienestar por sí solo: traslada costos y puede reducir el empleo y la producción. Este artículo analiza por qué imponerlo de forma generalizada acarrea consecuencias económicas adversas.

Consecuencias de Reducir Mediante Mandato Legislativo la Jornada Laboral

Por Cristián Alejandro Araos Díaz

Reducir por decreto la jornada laboral de forma generalizada, sin considerar la naturaleza del trabajo ni la productividad, conlleva riesgos significativos para cualquier economía.

Imponer una reducción de la jornada laboral sin un correspondiente aumento en la eficiencia desencadena una serie de consecuencias económicas perjudiciales. El efecto más inmediato es una caída en la producción; al haber menos horas de trabajo, la capacidad para generar bienes y servicios disminuye, lo que dificulta satisfacer la demanda del mercado. Este problema se extiende rápidamente al mercado laboral, donde un recorte indiscriminado genera profundos desajustes. Dado que cada industria tiene una sensibilidad distinta a estos cambios, la medida distorsiona la asignación de mano de obra y afecta desproporcionadamente a ciertos trabajadores, mientras que el impacto es casi nulo para quienes, como los políticos, perciben rentas fijadas por decreto. Paralelamente, con la misma productividad repartida en menos horas, los costos laborales por unidad aumentan, una presión que puede derivar en menores salarios, un fomento de la informalidad y, en consecuencia, un impacto negativo en el consumo general.

Las repercusiones escalan a nivel macroeconómico y exterior. Esta falta de eficiencia interna socava la competitividad del país. Sin una inversión sostenida en tecnología, bienes de capital y mejoras de gestión que realmente impulsen la productividad, las empresas locales quedan en clara desventaja frente a competidores extranjeros que sí logran optimizar sus procesos. Este debilitamiento general de la economía tiene un correlato fiscal inevitable: una menor actividad económica reduce la recaudación de impuestos, obligando al Estado a tomar medidas difíciles, como subir todavía más los tributos o recortar servicios públicos para compensar la caída de sus ingresos, derivados de medios políticos, coactivos o no productivos.

En definitiva, una reducción de jornada impuesta por decreto y desvinculada de la productividad no es un atajo hacia el bienestar. Por el contrario, amenaza con debilitar la economía en múltiples frentes: desde la producción y el empleo hasta la competitividad exterior y la salud de las finanzas del ciudadano común o cuyas rentas dependen de la ley de oferta y demanda, no del Estado. Para que una medida así sea viable, debe ser la consecuencia —y no la causa— de una mejora sostenida en la eficiencia, impulsada por la inversión en capital, tecnología y gestión.

¿Qué son los bienes de capital?

Los bienes de capital son los activos que una empresa usa para producir otros bienes o servicios. Juegan un papel fundamental en la economía, pues son la clave para aumentar la productividad y, con ello, impulsar el crecimiento económico.

Estos bienes pueden clasificarse en diversas categorías, como maquinaria, infraestructura, tecnología y propiedad intelectual. Por ejemplo, las fábricas emplean maquinaria y equipo para producir bienes, mientras que las empresas de tecnología invierten en software y hardware para desarrollar y ofrecer sus productos o servicios.

A diferencia de otros insumos, los bienes de capital no se consumen de inmediato, sino que se desgastan con el uso. Este desgaste, conocido como depreciación, obliga a las empresas a invertir continuamente en su mantenimiento, actualización y eventual reemplazo.

Por todo esto, invertir en bienes de capital es esencial. Una empresa que invierte en mejor tecnología y maquinaria no solo se vuelve más eficiente y competitiva, sino que también impulsa la productividad general. A largo plazo, esto se traduce en mayores ingresos y bienestar para todos. De hecho, la riqueza de un país está directamente ligada a su acervo de bienes de capital: las naciones más desarrolladas son aquellas que más tienen y mejor los utilizan.

Estudio de caso: Ley de las 40 horas semanales en Chile

(Mismas ideas, mismos resultados desastrosos para la economía, ej. Venezuela)

¿Qué establece la Ley de las 40 Horas?

La Ley de las 40 horas establece una reducción gradual de la jornada laboral ordinaria, pasando de 45 a 40 horas semanales en un plazo de cinco años. Para fomentar una transición ágil, la normativa permite a los empleadores adelantarse a este calendario y se incentiva su adopción anticipada mediante la entrega del «Sello 40 horas» a las empresas que ya operan con la nueva jornada.

Para facilitar la adaptación a distintas necesidades productivas y personales, la ley introduce varios mecanismos de flexibilidad. Entre ellos, se permite distribuir la jornada en un sistema de 4×3, es decir, cuatro días de trabajo por tres de descanso. También se contempla la posibilidad de promediar las 40 horas en ciclos de hasta cuatro semanas; este mecanismo tiene límites claros, ya que la jornada no podrá exceder las 45 horas semanales y solo se podrá superar el umbral de 40 horas durante un máximo de dos semanas continuas dentro del ciclo. Adicionalmente, se incluyen medidas de corresponsabilidad, como bandas horarias para mejorar la conciliación familiar y la opción de compensar horas extraordinarias con días de feriado adicionales.

Defectos Observados de la «Ley 40 Horas»

Al analizar la Ley de las 40 horas, se pueden observar algunos posibles defectos o preocupaciones que podrían surgir a partir de su implementación:

  • Costos de contratación y producción: La reducción de la jornada laboral podría aumentar los costos de contratación y producción para las empresas, ya que podrían necesitar más empleados para mantener el mismo nivel de producción. Esto podría afectar especialmente a las pequeñas y medianas empresas con recursos limitados.
  • Desempleo y remuneraciones: El aumento en los costos laborales podría generar desempleo o reducir las remuneraciones, puesto que las empresas podrían verse obligadas a recortar personal o salarios para compensar el incremento en sus costos.
  • Implementación gradual: La gradualidad en la implementación de la ley podría generar confusión y desigualdades entre las empresas y los trabajadores, dependiendo de cómo y cuándo se apliquen las reducciones de la jornada laboral.
  • Flexibilidad laboral: La promediación de la jornada y la distribución de la jornada en un sistema 4×3 pueden ser beneficiosos para algunos trabajadores, pero podrían no adaptarse a las necesidades de todos. La inflexibilidad en la distribución de la jornada laboral podría generar dificultades en ciertos sectores o tipos de empleo.
  • Impacto en la productividad: La reducción de la jornada laboral no garantiza un incremento en la productividad. Si no se acompaña de inversiones adecuadas en bienes de capital y mejoras en la eficiencia, la medida podría no tener el efecto deseado en el crecimiento económico y el bienestar general.
  • Regímenes especiales: La ley contempla algunos regímenes especiales, como el de las trabajadoras de casa particular, pero no aborda de manera completa las diferencias y desafíos que enfrentan todos los trabajadores en situaciones particulares.

Estos defectos sugieren que la implementación de la Ley de las 40 horas podría generar preocupaciones o varios «dolores de cabeza», especialmente si no se acompaña de medidas adicionales para mejorar la productividad y garantizar el bienestar de los trabajadores en diversos sectores y situaciones laborales.

¿Por qué la ley de 40 horas laborales es contraproducente?

Porque para poder reducir la jornada laboral de manera natural se requiere el cumplimiento del siguiente axioma:

—Incremento previo de la PRODUCTIVIDAD como una CONSTANTE

¿Cómo se incrementa la productividad?

Respuesta: Inversión previa en bienes de capital (ej. tecnología) y amortización de los mismos (ej. ahorro para contrarrestar obsolescencia y término de vida útil de estos bienes).

¿Qué provoca estandarizar la reducción de jornada laboral?

  1. Sube costos de contratación, ergo encarece emprender y mantener emprendimiento.
  2. Sube costo de producción, porque obliga a contratar a más personas para producir lo mismo.
  3. Genera desempleo y baja las remuneraciones debido a los puntos anteriores.
  4. Disminuye el emprendimiento, por tanto, se incrementa la cesantía y pobreza de los ciudadanos.
  5. Subirá el costo de la vida o los precios finales con cargo a los consumidores o ciudadanos.
  6. Apresurará reemplazo de encarecida mano de obra humana u hora hombre por robótica e inteligencia artificial (IA).

¿A quiénes benefician estos decretos coactivos?

Respuesta: A los que obtienen sus rentas con cargo al expolio ciudadano o vía consumo de impuestos.

Solo el apéndice del eufemismo «Estado» podrá ganar lo mismo trabajando menos, porque la renta de estos depende de la productividad ajena y por supuesto sus socios comerciales, las grandes corporaciones que acabarán con su competencia (emprendedores sin nexos con el «Estado»), porque estas sí cuentan con el capital necesario para pagar el incremento de los costos.

En conclusión, reducir la jornada laboral por decreto, debido a sus efectos contraproducentes, estanca a los países en el subdesarrollo, porque como se dijo encarece los costos de contratación y producción, disminuyendo así el emprendimiento y los salarios. Incrementa la cesantía y en consecuencia la tasa general de pobreza, sumado a esto la subida en los precios y el impulso al reemplazo de la mano de obra humana por tecnologías avanzadas. Queda claro que la clase gobernante no existe, existió ni existirá para el bienestar del «pueblo», por tanto, es crucial considerar estos aspectos y buscar medidas urgentes que anulen estos dislates legislativos y fomenten la inversión en bienes de capital para que objetivamente cualquier país logre incrementar de forma constante su productividad.

En fin, antes de jugar a tratar de estandarizar el comportamiento humano por decreto legislativo, señores políticos, consideren seriamente hacerse a un lado de la economía y por favor, dejen de empobrecer a sus «amados pueblos».

Referencias:

  1. Pencavel, J. (2015). The Productivity of Working Hours. Economic Journal, 125(589), 2052-2076. Este artículo examina la relación entre las horas de trabajo y la productividad, lo que podría ser relevante para evaluar el impacto de una reducción en la jornada laboral.
  2. Golden, L. (2012). The Effects of Working Time on Productivity and Firm Performance: a research synthesis paper. International Labour Organization. Este documento proporciona una revisión de la literatura sobre los efectos del tiempo de trabajo en la productividad y el rendimiento de las empresas, lo que podría ayudar a comprender los posibles resultados de la implementación de la Ley de las 40 Horas.
  3. Gobierno de Chile. (2023, 12 de abril). ¡40 Horas será ley!: Conozca los detalles del proyecto impulsado por el Gobierno y que fue despachado por el Congreso. https://www.gob.cl/noticias/40-horas-es-ley-conozca-los-detalles-del-proyecto-impulsado-por-el-gobierno/

Preguntas frecuentes

¿Qué problema tiene reducir la jornada por ley?

Que si la productividad no sube en la misma proporción, el costo por unidad producida aumenta, lo que puede traducirse en menos empleo, más informalidad o precios más altos.

¿Significa estar en contra de trabajar menos horas?

No. El punto es que la reducción sostenible surge de mayor productividad y de acuerdos libres, no de un mandato general que ignora la naturaleza de cada trabajo.

¿Cómo se relaciona con el libro Hegemón?

Hegemón defiende el intercambio libre frente a la coacción estatal. Imponer condiciones laborales por decreto es otra forma de esa coacción sobre la economía.

Una respuesta a «Reducir Jornada Laboral por Decreto»

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